El enfoque de la “Ceguera por Rutina”

La abundancia es silenciosa; solo la carencia sabe gritar. Nos acostumbramos tanto a la presencia de lo bueno que dejamos de escucharlo, hasta que el silencio de su ausencia se vuelve ensordecedor.  Damos por sentado el aire hasta que nos falta el aliento. La rutina es un velo que nos hace creer que lo que tenemos hoy es una garantía eterna, cuando en realidad es un préstamo del destino.  El valor de las cosas no cambia, lo que cambia es nuestra distancia de ellas. A veces necesitamos perder algo para verlo por fin en su verdadera dimensión, como quien se aleja de una montaña para notar su altura.

La gratitud suele llegar con un reloj de retraso. Es irónico que el corazón aprenda a contar sus tesoros justo en el momento en que se queda con las manos vacías.

Tratamos lo extraordinario como si fuera ordinario, hasta que la vida nos quita el privilegio y nos deja con la nostalgia de lo que antes nos parecía aburrido.

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