En una ocasión, un león se aproximó hasta un lago de aguas espejadas para calmar su sed. Al acercarse a las mismas, vio su rostro reflejado en ellas y pensó: ¡Vaya!, este lago debe ser de este león, debo tener cuidado con él. Atemorizado se retiró de las aguas, pero tenía tanta sed que de inmediato regresó, allí estaba de nuevo ese “león”, ¿Qué hacer?, la sed lo devoraba y no había otro lago cercano, retrocedió, unos minutos después volvió a intentarlo y, al ver al “león”, asumió una posición defensiva, pero al ver que el otro “león” hacia lo mismo, sintió terror. Salió corriendo, pero siempre huía espantado. Pero como la sed esa cada vez más intensa, tomó finalmente la decisión de beber aguas del lago sucediera lo que sucediese. Al meter la cabeza en el agua el “león” desapareció.
Muchos de nuestros temores son imaginarios, solo cuando los enfrentamos, desaparecen. No dejes que tu imaginación descontrolada usurpe el lugar de la realidad ni te pierdas en las creaciones y reflejos de tu propia mente