En las distintas empresas en las que pude desempeñarme siempre fue recurrente encontrar ausente el liderazgo por el ejemplo. Muy típico fue encontrar jefaturas con egos muy fuertes cuyo liderazgo nunca trascendió de 8 a.m. a 5 p.m. y de lunes a viernes, esta forma de actuar normalmente se manifestaba en una total ausencia de confianza para con los colaboradores lo que derivaba entonces en micro gerenciar, creando un círculo poco racional que no promueve el desarrollo de organizaciones inteligentes, entendiéndolas como aquellas que integran la capacidad humana, es decir la persona, con tecnología y datos para funcionar de manera dinámica y adaptativa. No solo reaccionan a los cambios, sino que los anticipan, transformando esa capacidad en un activo estratégico.
Si tenemos claro que “la gente hace lo que los lideres hacen, no lo que los líderes dicen”. Estos comportamientos equivocados solo generan conductas inapropiadas que bajan por el organigrama siendo imitadas, creando organizaciones que se caracterizan por falta de sentido de pertenencia, todo el mundo literalmente pasa “viendo para afuera”, al ser la hora de salida, ni un minuto más y todo el mundo deja su trabajo. La confianza sin duda alguna no será un valor esencial porque es la base para construir relaciones sólidas, efectivas y exitosas dentro de los equipos y entre las personas en una organización. La confianza implica creer en la integridad, capacidad y compromiso de los demás, lo que fomenta la cooperación, el respeto y la comunicación abierta, pero si el líder no lo demuestra no se puede cultivar.